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Modelos de planificación deportiva en jóvenes

 
Autor(es):
Entidades(es):
Congreso: III Congreso Nacional Ciencias del Deporte
Pontevedra: 29-31 de Marzo de 2007
ISBN: 84-978-84-611-6031-0
Palabras claves: iniciación,tecnificación,especialización.
 

INTRODUCCIÓN

A través de esta exposición se pretende describir las pautas generales que deben, presidir los modelos de planificación deportiva diseñados para jóvenes practicantes. Debido a la enorme diversidad de situaciones deportivas centraremos la atención en los aspectos y problemáticas comunes a la mayoría de las disciplinas deportivas. Pero es preciso matizar previamente que durante la juventud existen diferentes etapas en el desarrollo biológico que coinciden con distintas fases del entrenamiento deportivo, desde una perspectiva general: la iniciación (prepubertad), la tecnificación (pubescencia) y la especialización (adolescencia). Posteriormente, el grado de madurez se asocia al alto rendimiento deportivo. No obstante, existen disciplinas de especialización temprana, que siguen otro ritmo distinto, como la gimnasia deportiva, gimnasia rítmica o el patinaje artístico. En la actualidad se dispone de una información mucho más rigurosa sobre las respuestas fisiológicas y conductas psicopedagógicas de los jóvenes, lo cual permite actuar metodológicamente con una menor carga empírica y un mayor rigor científico. Hasta un pasado relativamente reciente la planificación deportiva se basaba de manera prioritaria en la propia experiencia del entrenador, quién aplicaba el proceso de ensayo-error y algunos principios lógicos. En la actualidad las deducciones empíricas siguen teniendo el mismo valor, sin embargo las decisiones deben apoyarse en criterios más objetivos y científicos. No obstante, todavía es preciso investigar con mayor profundidad en las repercusiones que el entrenamiento o la práctica deportiva regular tiene en las etapas de formación, ya que probablemente sea una de las áreas peor documentadas. No hay que olvidar, tal y como indica Tschiene (1992), que no existe una concepción global precisa de los principios de entrenamiento que podemos aplicar al deporte de los niños y adolescentes. Es preciso reflexionar, inicialmente, sobre la gran cantidad de casos de jóvenes deportistas, con una aparente y brillante proyección de futuro que, bien por agotamiento deportivo o por otros motivos complejos, provocan abandonos prematuros, ya sean temporales o definitivos, o que no llegan a alcanzar las metas previstas. Estos abandonos o distanciamientos de la práctica no siempre son consecuencia de una relación conflictiva del joven con el mundo del deporte o de un desinterés por el mismo Puig (1996), sino el resultado de las enormes posibilidades que tiene la juventud en la actualidad para ocupar su tiempo libre, lo que origina un interés a veces también transitorio por otra determinada actividad. Pero, al margen de estas consideraciones, tampoco se pueden ocultar errores de cálculo de los entrenadores o responsables técnicos, quizás por no conocer lo suficientemente bien las peculiaridades y rasgos de los niños deportistas, o bien por no respetar de manera apropiada las diferentes fases de formación, buscando rendimientos prematuros. Un error en la actuación metodológica que afecte a un deportista mayor, ya formado, tiene unas repercusiones negativas en su rendimiento que fácilmente se manifiestan, ya que la relación causa-efecto puede ser inmediata; pero en el caso de los deportistas jóvenes, las consecuencias pueden ser mucho más graves, no solamente hipotecando su futuro deportivo o cuestionándolo, sino poniendo en riesgo su salud. Analizar e investigar con rigurosidad el agotamiento deportivo infantil, a nivel de demandas físicas y psicológicas, así como las formas de prevenir estos estados es una de las cuestiones necesarias y urgentes del deporte moderno. Tristemente los interrogantes existentes sobre la cuestión superan con claridad las respuestas científicas. El rendimiento deportivo en cualquier disciplina responde a una serie de condicionantes o variables de muy diversa índole. La responsabilidad principal del entrenador recae sobre el desarrollo y control de las capacidades físicas, técnicas y tácticas, si bien debe procurar la integración en su grupo de otros especialistas como fisiólogos, dietéticos, psicólogos, masajistas, etc. que afronten las otras vertientes del rendimiento deportivo. De cualquier forma, aspectos como el entorno familiar del atleta, su situación laboral o académica, su ambición, capacidad de trabajo, entre otros, también deben ser considerados por el técnico a la hora de diseñar una planificación individualizada. Los principales apartados que permiten explicar, de forma cronológica, el proceso seguido sobre la planificación y programación del entrenamiento y competición, desde una perspectiva general, ya que son comunes a cualquier especialidad deportiva, son los siguientes: 1. Análisis de la especialidad deportiva. 2. Diagnóstico del nivel actual de rendimiento y entrenamiento. 3. Determinación de objetivos. 4. Programación del entrenamiento y competición. 5. Realización del entrenamiento y competición. 6. Controles de entrenamiento y competición. 7. Análisis del proceso y posibles correcciones Durante la presente exposición se desarrollarán los aspectos más importantes de cada uno de los apartados, considerando que la planificación estará dirigida a poblaciones de jóvenes deportistas. En cualquier caso, se deberán cumplir las siguientes premisas: • La necesidad de planificar a largo plazo. • Asegurar un entrenamiento saludable • Respetar las fases sensibles del organismo • Adaptar las cargas al grado de maduración biológica • Iniciar la especialización tras una formación polifacética • Aplicar modelos, según las anteriores variables

Análisis del deporte

Representa un aspecto básico en la planificación deportiva. En este apartado se consideran aquellos aspectos más importantes que afectan a la disciplina deportiva a nivel de aspectos biomecánicos que afectan a la disciplina; los aspectos fisiológicos, tales como fuentes energéticas protagonistas en cada una de los deportes, recuperación y supercompensación de las fuentes bioenergéticas, fisiología muscular y nerviosa. También los aspectos anatómicos, como los grupos musculares implicados en cada fase; sus principales características; su entrenabilidad… etc. Sin embargo, en deportistas jóvenes aparece el histórico debate entre el grado de preparación general y especial que hay que realizar en su formación deportiva.

Iniciar la especialización tras una formación polifacética

El proceso de planificación deportiva es largo y complejo, ya que requiere manejar y considerar gran cantidad de factores de diversos ámbitos. Uno de los principales problemas al que el entrenador tiene que enfrentarse es determinar la carga que debe utilizar con los jóvenes, en función de su edad y grado de madurez. La tendencia que a veces se observa en el deporte es la de entrenar más tiempo, más intenso y en edades cada vez más tempranas. Esta realidad estimula el eterno debate entre la especialización prematura y la formación multifacética. En cualquier caso, los riesgos también son cada vez más evidentes cuando se superan los límites fisiológicos o psicológicos de los practicantes, generando alteraciones imprevisibles en su futuro deportivo y personal. Aparece entonces el agotamiento deportivo. Una de las fases básicas en el proceso de preparación deportiva a largo plazo se refiere al desarrollo multilateral que permita crear las bases para una posterior y adecuada transición hacia la especialización. Por ello la multilateralidad representa una de las claves del trabajo diseñado a largo plazo. La base de la pirámide, que por analogía debe considerarse como el fundamento de cualquier programa de entrenamiento, consiste en el desarrollo multilateral (Navarro, 1.994). No obstante, hay que tener en cuenta que un máximo de ofertas multilaterales (ejercicios de muchos tipos de deportes para los más jóvenes no es la garantía para lograr un máximo progreso deportivo (Tschiene, 1.988). En el caso del atletismo existe una gran coincidencia en manifestar que durante el período de preparación básica (Navarro, 1.994), dentro de una planificación a largo plazo, el atleta debe de practicar varias disciplinas, con el fin de efectuar un proceso de especialización gradual.

Tabla 1. Proceso de especialización gradual en diferentes modalidades de los jóvenes atletas. (PLP: Planificación a Largo Plazo); (tomada de Navarro, 1.994).

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 3

Ilustración 1. Proceso a largo plazo, adaptado a la especificidad del entrenamiento (Bompa, 2005)

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 3

La filosofía del entrenamiento queda de manifiesto en la tabla siguiente (Bompa, 2005), al comparar las variables de la especialización temprana y de un trabajo multilateral.

Especialización temprana

Mejora rápida del rendimiento • Mejor rendimiento alcanzado a los 15-16 años debido a adaptaciones rápidas. • Inconsistencia en el rendimiento en las competiciones. • A la edad de los 18 años muchos deportistas se "quemarán" y dejarán el deporte. • Propensión a lesiones debido a una adaptación forzada.

Programa multilateral

• Mejora del rendimiento más lenta. • Mejor rendimiento a partir de los 18 años, la edad de la madurez psicológica y fisiológica. • Consistencia en el rendimiento en competición • Vida deportiva más larga • Pocas lesiones

Es de vital importancia adecuar el volumen de trabajo y sus contenidos, propiciando un desarrollo multilateral a las etapas de preparación a largo plazo, según las diferentes fases deportivas (ver tabla de (Tschiene, 1.985).

Tabla 2. Fases de formación y preparación deportiva; (tomada de Tschiene, 1.985)

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 3

Partiendo de la base de la gran diversidad de situaciones deportivas generalizadas que existen, un modelo general que relaciona el trabajo especializado con el desarrollo multilateral se indica en el siguiente gráfico (Bompa 2005). Los efectos del trabajo general se mantendrán durante más tiempo, aunque el rendimiento inicial sea menos acusado.

Ilustración 2. Relación entre el desarrollo multilateral y la preparación especializada, según las edades del deportista (Bompa, 2005)

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 3

Ilustración 3. Efecto de la preparación general y especial en el tiempo

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 3

Un sector relevante de entrenadores defiende la conveniencia de fomentar las escuelas deportivas de niños que practican y dominan 3 ó 4 especialidades deportivas a la vez. Ver ejemplo de la distribución del trabajo en la tabla siguiente, seguido en la antigua República Democrática Alemana.

Ilustración 4. Ejemplo de distribución de cargas en una Escuela Deportiva de Atletismo en la antigua República Democrática Alemana.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 3

Puede apreciarse la importancia que debe concederse a una formación polifacética. Se distinguen dos tipos de preparación física (general y específica), cuyas características respectivas se indican en la tabla 3.

Tabla 3. Aspectos básicos de los rasgos de la preparación física general y específica.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 3

Diagnostico del nivel actual del joven deportista

Este apartado representa el primer paso práctico al que debe enfrentarse el entrenador y consiste en la valoración del estado del atleta mediante la realización de los oportunos tests clínicos, físicos o condicionales y técnicos.

Valoración funcional o clínica

La primera preocupación que debe solventar el entrenador es la de asegurarse de que su joven atleta dispone de los suficientes niveles de salud para someterse a un proceso continuado de entrenamiento y competición. En este caso, serán los profesionales de la medicina los que establezcan las oportunas valoraciones. En el supuesto de que el atleta exprese posibles descompensaciones musculares deberán ser tratadas y corregidas de manera prioritaria. Los tests clínicos de laboratorio suponen una ayuda relevante hacia el entrenador, ya que, desde la perspectiva anatómico, fisiológica y funcional, contribuyen decisivamente a conocer con más detalle las respuestas fisiológicas de los jóvenes, lo cual permitirá diseñar con más realismo el trabajo individualizado. Por añadidura, representan un instrumento muy valioso para seguir avanzando en un mejor conocimiento científico de cada modalidad deportiva. Por dicho motivo, la valoración funcional, a través de las correspondientes pruebas de esfuerzo así como las genéricas que detecten su "nivel de salud" deben suponer una constante en la planificación deportiva de cada temporada. En este sentido, la contribución de los profesionales de la medicina deportiva es también indispensable en la planificación y programación del entrenamiento y competición.

Valoración de la condición física

Al margen de la consideración de algunos entrenadores que sostienen que "el mejor test para un atleta es competir en su prueba", lo cierto es que cada técnico debe seleccionar una batería específica que cuantifique con la mayor precisión posible los aspectos que condicionan el rendimiento, desde una perspectiva más analítica que la que ofrece la competición, en la que se manifiestan muchas cosas (globalidad). En el caso de los deportistas jóvenes esta parte de la planificación recobra un especial interés para poder detectar a posibles talentos deportivos.

Valoración técnica

Es importante detectar los posibles errores técnicos que pueda tener un joven deportista para aprovechar las fases sensibles del aprendizaje y poder corregirlos o minimizarlos al máximo. Se supone que el entrenador está perfectamente cualificado para detectar estas incorrecciones técnicas, para lo cual debe conocer en profundidad el modelo. Hoy día es fácil poder efectuar una grabación de vídeo de cada uno de los deportistas, lo cual va a permitir al entrenador efectuar un análisis riguroso de cada situación. Es importante que, al margen de que se filmen sesiones de entrenamiento también se hagan extensivas a la propia competición. Esto permite contrarrestar los problemas surgidos de la observación directa. El hecho de poder analizar fotograma a fotograma ofrece unas informaciones muy relevantes al entrenador. También es interesante utilizar modelos de observación técnica ya que ayudan a precisar el error y centrarlo en la parte específica de la carrera. Para ello, el entrenador debe construir sus propias planillas. Dentro de los niveles técnicos que es preciso dominar por parte del deportista, no solamente hay que hacer mención a las técnicas específicas (modelos), sino también a los diferentes ejercicios que debe efectuar el deportista en el entrenamiento.

Determinación de objetivos (a largo plazo)

Los principales objetivos se centran en los parámetros fundamentales que se deben desarrollar en cada especialidad deportiva. Tal y como se indicó anteriormente los objetivos en el entrenamiento con jóvenes deportistas deben establecerse a largo plazo. Sin embargo también es importante intentar prolongar el mayor tiempo posible (años de práctica deportiva) el máximo rendimiento del deportista. Por consiguiente, los objetivos incidirán sobre los aspectos condicionales, coordinativos y cognitivos de los atletas. En otro orden de cosas, los objetivos deben plantearse a corto, medio y largo plazo, lo que permitirá al entrenador diseñar una estrategia individualizada para cada deportista, en función de su edad, motivación, capacidades, etc. Por otra parte, la determinación de objetivos debe realizarse dentro de cada una de las áreas que condicionan el rendimiento deportivo: • Objetivos en la preparación técnica • Objetivos en la preparación física • Objetivos en la preparación táctica • Objetivos en la preparación psicológica • Objetivos en la preparación biológica

La necesidad de planificar a largo plazo con deportistas jóvenes

Existe coincidencia generalizada en que el proceso de planificación del entrenamiento con jóvenes debe realizarse a largo plazo. Los programas de entrenamiento desarrollados en la infancia y adolescencia deben propiciar que el deportista alcance las cotas más altas de rendimiento futuro. Lo importante no es llegar antes sino llegar lo más lejos posible. Durante los últimos años se ha podido comprobar con mayor precisión que el acceso al máximo rendimiento deportivo requiere ya desde las etapas de formación deportiva unas bases sólidas para ello. Por dicho motivo, es preciso no acelerar las etapas antes de tiempo y evitar la anticipación de los resultados prematuros. Un modelo de entrenamiento deportivo con jóvenes debe respetar este requisito. La planificación del entrenamiento con niños debe de tener en cuenta además algunos factores que muchas veces son ignorados y que van a tener importantes consecuencias en el resultado final: • La evolución tecnomotriz de capacidades y destrezas que son la base del la optimización del rendimiento. • Los factores de ejecución (fuerza, velocidad, flexibilidad, resistencia) como fundamento general psicomotriz. • Las capacidades coordinativas como amplia base de actuación motriz. • La motivación como mecanismo regulador dirigido por los intereses y actitud del joven deportista. • La lógica y comprensión mental que ayuda a integrar la actividad deportiva dentro del marco de evolución y educación personal. • La autonomía que le ayude a encontrarse a si mismo y su propia identidad. El modelo básico de planificación deportiva con jóvenes debe propiciar un adecuado desarrollo general de los deportistas, que permita la prevención de trastornos ortopédicos por malas posturas o debilidades posturales y favorezca que, en función de su talento y capacidad de trabajo, alcancen las mejores prestaciones deportivas en el momento oportuno, sin precipitar los acontecimientos. El objetivo no debe responder a un incremento demasiado rápido del rendimiento deportivo, a pesar de que pudiera ser posible, ya que, al margen de los efectos sobre la salud del practicante, tendría poca duración puesto que pronto se presentaría una sobresaturación por el deporte No debemos olvidar que el cuerpo humano está preparado para ser entrenado a cualquier edad, si bien con diferente eficiencia (Nadori, 1.987). Pero tampoco es menos cierto que, en ocasiones, el temor del entrenador a "pasarse" puede situarle en el otro lado de la moneda, de tal manera que se imposibilita el aprovechamiento de las potencialidades de sus deportistas a largo plazo, al expresar una conducta de inhibición a la hora de solicitar esfuerzos físicos apropiados. Hay que evitar que los modelos de entrenamiento de los adultos, aunque sean eficaces para éstos, sean transferidos a las poblaciones de jóvenes deportistas, ya que tristemente es un error habitual en entrenadores poco formados. El objetivo fundamental debe dirigirse a preparar a lo largo de los años al deportista para que se adapte a los parámetros de entrenamiento característicos de la etapa de máxima realización de sus posibilidades. De nada sirve intentar que esta realización se haga efectiva antes de tiempo a base de copiar los métodos de entrenamiento de deportistas de edad y nivel superior. Este entrenamiento forzado puede permitir que el deportista tenga éxito en competiciones en categorías menores (infantiles, cadetes, juveniles…) pero difícilmente este espejismo podrá mantenerse y se estará hipotecando su futuro deportivo en la edad adulta. El deportista joven, que utiliza en su entrenamiento unos estímulos muy duros, se adapta a estos medios y gasta las capacidades de su organismo en crecimiento (Platonov, 1.992). Si se analizan las tablas que reflejan datos estadísticos genéricos sobre el tiempo que transcurre desde que comienza la práctica habitual del entrenamiento de un determinado deporte hasta que se alcanzan los máximos resultados, se comprueba fácilmente que son necesarios, al menos una década de trabajo continuado (ver tabla siguiente). Y en algunas determinadas especialidades, más de 15 años. Sin embargo, debido a la gran cantidad de abandonos prematuros, muchos jóvenes jamás alcanzarán la edad necesaria para obtener sus máximos resultados posibles. En la actualidad, los entrenadores que trabajan con poblaciones juveniles sufren los desencantos de comprobar cómo deportistas con excelentes posibilidades de rendimiento futuro se alejan de la práctica deportiva.

Tabla 4. Edades estimativas de comienzo, especialización y consecución de máximos rendimientos en algunos deportes: (tomada de Bompa, 1.983).

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 3

Sin embargo, esta realidad no debe provocar diseños erróneos en la planificación del entrenamiento. El ciclo vital mas sintéticamente expresado, es el de nacer, crecer, reproducir y morir. Durante este proceso, las etapas de la vida periodizables para el entrenamiento se asocian a las de crecimiento y reproducción, que coinciden con la juventud y la fase adulta. Surge, de esta forma, el megaciclo, considerado como la unidad de trabajo más prolongada dentro del diseño de la Periodización Deportiva, ya que comprende todas las etapas de la vida del "homus-sportivus", utilizando el término de Cagigal, desde el momento de la iniciación deportiva hasta el final de la practica deportiva. Las bases biológicas del Síndrome General de Adaptación exigen muchos años de trabajo continuado para que el ser humano optimice la capacidad de adaptación a la naturaleza de los estímulos que reciba. Por ello debe ser planificada en todo su megaciclo, teniendo en cuenta que esa planificación, lejos de estar "cerrada" en todo su desarrollo, debe ser dinámica, fruto de la observación, análisis y respuestas concretas a los problemas que vayan surgiendo. En este sentido, los objetivos del megaciclo se resumen en (Alarcón, 2000): • Formación y desarrollo del organismo. • Aprendizaje de ejercicios generales y especiales. • Aprendizaje de las técnicas. • Desarrollo gradual de las cualidades físicas. • Garantizar el grado de coordinación en situaciones de "stress". • Educar las cualidades morales y volitivas. • Calificar deportivamente al individuo. • Capacitar en conocimientos sobre higiene, medicina y nutrición. • Desarrollar la capacidad de control y equilibrio emocional. • Orientar la madurez, la que implica toma de decisiones en situaciones límites. En cualquier caso el proceso de preparación deportiva a largo plazo, depende de diversos factores. Entre ellos podemos citar a: • La estructura de la actividad competitiva. • Las leyes de formación de la maestría deportiva y de los procesos de adaptación a los sistemas funcionales más importantes para cada disciplina. • Las particularidades individuales, sexuales, el ritmo de maduración,... etc. Estos factores van a determinar el tiempo necesario y la edad a la que se puede alcanzar altos resultados que, como se aprecia en la tabla anterior, son variables según la especialidad deportiva. En las fases de entrenamiento de los jóvenes deportistas es imposible desarrollar una estructura de planificación definida como en el caso de los adultos, ya que la diversidad de objetivos, tareas y condiciones, así como las transformaciones que se producen en el organismo del joven, debido a la evolución de sus procesos fisiológicos, tienen una amplitud e importancia tales que no permiten construir ciclos de entrenamiento plurianuales que repitan su estructura fundamental (Navarro, 1.994). Algunas de las ventajas que proporciona la planificación deportiva son muy claras. Entre las mismas podemos citar: ♦ Libera al entrenador para la resolución de tareas no previstas. ♦ Otorga una mayor seguridad al equipo de trabajo (se conoce aquello que se pretende). ♦ Facilita un mayor control del proceso, es decir, hay menos cuestiones que no se controlan. ♦ Permite rentabilizar el tiempo, el espacio y las condiciones materiales Estas ideas deben de estar muy presentes en el pensamiento del entrenador, a la hora de establecer un modelo de planificación deportiva con jóvenes a largo plazo. Sobre esta cuestión, existen gran cantidad de ejemplos que demuestran cómo los programas de entrenamiento periodizado provocan mayores ganancias de rendimiento Son numerosos los factores que pueden condicionar la planificación deportiva en los jóvenes. Algunos de ellos no están bajo el control del entrenador, pero es preciso que el conocimiento, el estudio, la experiencia y la intuición, en relación al resto, permitan aumentar el dominio del responsable técnico, evitando errores de cálculo o al menos minimizarlos. Por encima de la perspectiva competitiva y de la búsqueda de rendimiento, no se debe olvidar que las características de la relación que se establece entre entrenador y el joven practicante obligan a que el técnico se convierta en un responsable directo de la formación integral de ese niño como ser humano. Gran cantidad de autores defienden esta postura de planificar a largo plazo en las etapas de formación, hasta la consecución del máximo rendimiento. En cualquier caso, siguiendo el modelo de Bompa (1983), la identificación de deportistas talento es un paso previo para poder acceder al alto rendimiento deportivo.

Ilustración 5. Sistema secuencial del entrenamiento (Bompa, 1.983)

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 3

Por otra parte, el entrenador de jóvenes deberá incluir en su planificación deportiva una serie de actuaciones que contribuirán a que reducir el alto grado de abandonos prematuros en la actualidad. Siguiendo a Snyder (1996), las siguientes orientaciones son válidas para que los jóvenes sigan practicando deporte: ♦ Recompensar el éxito y el esfuerzo de los deportistas. Buscar también la complicidad de los padres para evitar que se sobredimensionen los resultados y valorar positivamente los avances que vayan consiguiendo sus hijos. ♦ Responder con ánimos e instrucciones técnicas precisas cuando los deportistas cometan un error (Cruz, 1987), matizando que un error no es un fracaso. Hay que encontrar en cada actuación algo satisfactorio (Snyder, 1996), independientemente de los resultados. ♦ Transmitir instrucciones técnicas de forma positiva, evitando las acciones punitivas y el castigo, salvo que fuese estrictamente necesario (Cruz, 1987). ♦ Asumir el rol de educador, estimulando en los jóvenes el fair play, tanto en la victoria como en la derrota. ♦ Establecer objetivos que puedan ser asociados a los progresos obtenidos. En cualquier caso, los objetivos deberán ser realistas, al alcance de los deportistas, y mantener una actitud clara ante ellos, inclusive sus familiares, sobre sus posibilidades reales. ♦ Hacer participe a los deportistas de la justificación y efectos que provocan en sus organismos los diferentes tipos de entrenamiento para generar en éstos una mayor motivación (Tejero, 2003). ♦ Estimular otros aspectos y facetas sociales del deportista (estudios, trabajo, inquietudes…) que deben propiciarle en su vida deportiva el equilibrio necesario para que no se estanque y desmotive (Martin, 1997). IDENTIFICACIÓN DE TALENTOS PLANIFICACIÓN A LARGO PLAZO ALTO RENDIMIENTO ENTRENAMIENTO METODOLÓGICO Y CIENTÍFICO Un reciente estudio sobre abandonos de jóvenes nadadores españoles (Salguero, Tuero, y Márquez, 2003), sobre 66 casos estudiados demuestra que la edad media del abandono fue a los 18 años, respaldando otras investigaciones. A esta edad, el comienzo de los estudios universitarios, que exigen una mayor dedicación; el cambio (posible) de residencia para proseguir sus estudios y la falta de una adecuada coordinación entre las estructuras deportivas y académicas, favorecen el abandono de la práctica. Pero existen muchos estudios que demuestran el rol tan relevante que tiene el entrenador en el ámbito del abandono y/o motivación deportiva (Snyder, 1996a; 1996b; Cruz, 1997). Asimismo, la pérdida de diversión también se considera un factor que favorece la retirada, la elevada exigencia temporal y el tener "otras cosas que hacer". Desde una perspectiva general, se expone una secuencia cronológica de planificación del entrenamiento a largo plazo basado en diversas fases (Seirul'lo, 1.994): 1. Práctica regular inespecífica (5-7 años). 2. Formación general polivalente (8-10 años) 3. Fase de preparación multilateral orientada (11 a 13 años) 4. Fase de la iniciación específica (14 a 16 años). 5. Fase de la especialización (17 a 19 años). 6. Fase del perfeccionamiento (20 a 23 años). 7. Fase de la estabilidad y alto rendimiento (24 a 28 años) 8. Fase de la conservación del rendimiento (29 a 34... años) 9. Fase de adaptación compensatoria a la reducción del rendimiento (35 a 38 años) 10. Fase de la readaptación funcional para el rendimiento no competitivo (30 a 41... años) Con respecto a las fases de formación indicadas, correspondientes a las etapas infantiles y juveniles, es preciso apuntar diversas consideraciones: 1. Es difícil determinar con exactitud la terminación de una etapa de desarrollo y el inicio de otra. Aparte de ello, cada individuo se desarrolla individualmente y tiene su propio "ritmo" de maduración. 2. A medida que transcurren las fases, la práctica atlética se convierte en menos global y en más específica. Es decir, al principio tendrá más importancia el trabajo polivalente (condicional y coordinativo). 3. Una parte importante de los objetivos propios de cada fase, deben conseguirse en las clases de Educación Física, por lo que habrá que llevar un control de lo que el niño hace en las mismas para coordinarlo adecuadamente.

Programación del entrenamiento

La denominación de los diferentes periodos que componen la programación del entrenamiento deportivo suscita diversas diferencias entre algunos autores. Por ello es positivo clarificar previamente esta cuestión. En la siguiente tabla se ofrece una relación de términos, algunos idénticos y otros distintos, que definen periodos, desde los más pequeños (sesión) a los de mayor duración (macrociclo).

Tabla 5. Distribución temporal de las diferentes partes de la programación del entrenamiento según diversos autores. (De Fernando Navarro, 1994).

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 3

Ilustración 6. Distribución cronológica de las fases de mayor a menor duración de la planificación del entrenamiento.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 3

Al margen de estas diferencias terminológicas, lo realmente importante será saber exactamente qué objetivos son precisos alcanzar en cada una de estas fases. La propuesta que se formula por nuestra parte transcurre desde la unidad más básica hasta la más extensa: sesión, microciclo, mesociclo y macrociclo. Su significado se indica a continuación. Al margen de los periodos indicados en la figura anterior existe el plan plurianual o planificación que puede varias temporadas, especialmente válido para jóvenes. Sesión MACROCICLO: conjunto de diversos mesociclos que componen el periodo preparatorio, de competiciones y de transición (posible) MESOCICLO: conjunto de diversos microciclos, con objetivos concretos . MICROCICLO: periodo de tiempo, habitualmente de una semana, integrado por diversas sesiones de entrenamiento. A medida que el deportista es más joven es preciso respetar los períodos de descanso académico (Navidades, Semana Santa, verano) para provocar también un descenso de las cargas deportivas. En la siguiente ilustración se ofrece un modelo de preparación deportiva escolar adaptada del autor alemán Tschiene. No es especialmente relevante adquirir altas cotas de forma, sino propiciar experiencias satisfactorias que permitan la continuidad del joven en la práctica deportiva. Los resultados de las competiciones no deben instrumentalizarse en ningún sentido.

Ilustración 7: Modelo básico de programación para deportistas escolares.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 3

El rendimiento deportivo no se puede manifestar a un nivel constante durante toda la temporada, sino que describe una curva rítmica a causa de los procesos biológicos y psicofísicos. Por dicho motivo en todos los deportes el entrenamiento se debe estructurar en base a las fases del proceso de adaptación: 1. Aumento del nivel de entrenamiento (adaptación) durante varias semanas o meses. 2. Forma deportiva (capacidad máxima de trabajo) o fase de rendimiento relativamente estable, la cuál debe de coincidir con la mayoría de las competiciones y en especial con las más importantes. 3. Reducción del nivel de entrenamiento (readaptación) o descenso del rendimiento del atleta. La readaptación se entiende como "la pérdida de la capacidad máxima de trabajo debido a la superación del límite de la capacidad de adaptación" (Verjoshansji, 1990). Estos procesos de adaptación coinciden con: 1. Periodo de preparación: Cuyo objetivo es crear las bases para desarrollar la forma deportiva, desde dos etapas o fases diferenciadas. En la primera fase existe un predominio de la preparación general o condición general. En la segunda etapa VACACIONES VERANO VACACIONES NAVIDADES VACACIONES SEMANA SANTA VACACIONES VERANO INTENSIDAD VOLUMEN COMPETICIONES predominan más la preparación específica, en dónde disminuyen los volúmenes de entrenamiento y se incrementa la intensidad del mismo. 2. Periodo de competiciones: En esta fase es preciso afinar la forma deportiva con la participación en las competiciones regulares. La intensidad de los esfuerzos realizados durante las competiciones estimula el desarrollo y la estabilización del período de gran forma. 3. Periodo de transición: En este período se debe provocar la recuperación activa y regeneración del deportista; Se produce un descenso de su forma física como consecuencia de la regresión muy baja del volumen e intensidad del entrenamiento. La práctica en este período de deportes complementarios a unos niveles moderados contribuye no solamente a evitar un descenso exagerado de la capacidad de rendimiento del atleta, sino también a provocar una recuperación activa. En la actualidad la duración de este periodo tiende a acortarse. En realidad estos periodos no significan que sean compartimentos cerrados ya que en la fase de preparación, por ejemplo, también se efectúan competiciones. A través de los años estas fases de evolución alcanzarán un nivel creciente de entrenamiento hasta llegar al rendimiento máximo previsto. En relación a las cargas con jóvenes, cuyo volumen e intensidad deberá ser claramente inferior al utilizado en las poblaciones adultas, por lo que precisan también objetivos propios. Inicialmente, antes de los 12 años, los niños deportistas deben desarrollar una formación física general polivalente, basada en el fomento de las capacidades coordinativas, fuerza en general, resistencia de base y flexibilidad. También es preciso el desarrollo de las técnicas básicas deportivas. Cuando los niños no han desarrollado estas capacidades, ya que comienzan la práctica deportiva más tarde de los 12 años, se aconseja: • No comenzar la especialización demasiado temprano. • Fomentar las capacidades coordinativas antes que un desarrollo intenso de las condicionales.

Ilustración 8: Evolución de las capacidades coordinativas y condicionales (Adaptado de Grosser y col, 1989).

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 3

En relación a la posible preocupación por la forma deportiva, es preciso tener en cuenta los siguientes principios: Si la velocidad de adquisición de la forma deportiva es muy intensa (se adquiere en poco tiempo), más deprisa se pierde. La forma deportiva representa un estado que permite al atleta responder de la mejor manera posible en el plano físico, técnico, táctico y psíquico a las exigencias de la modalidad deportiva, durante un determinado tiempo. Cuanto más tiempo se dedique a desarrollar la forma deportiva en el período preparatorio, más tiempo se podrá mantenerla en el transcurso del período de competiciones (dentro de unos límites que no provoquen saturación psíquica en los atletas). Cuanto más corto sea el período preparatorio, más específica debe ser la preparación, pero el efecto de las cargas durará menos tiempo. Por ello, es necesario en determinadas fases de la época utilizar ejercicios más generales para evitar los estados de acumulación del efecto de las cargas de gran intensidad (sobreentrenamiento). En caso de necesidad imperiosa de competir, cuanto menos tiempo se disponga para la preparación de un atleta, más importancia adquieren los ejercicios especiales. Cuanto más tiempo se quiera mantener a un atleta en forma, menor podrá se el nivel absoluto de forma conseguida. A medida que se está más alejado del periodo de competiciones, más se justifica un trabajo separado de los diferentes componentes del entrenamiento (físico, técnico, táctico y psicológico). Por el contrario, cuando se aproximan las competiciones, todos estos componentes del entrenamiento deben ser realizados de una forma integrada. Cuanto más se pretende desarrollar de forma separada las cualidades físicas (fuerza, velocidad, resistencia y flexibilidad), menor número de ejercicios específicos podremos utilizar, con la consiguiente pérdida de transferencia a la competición. Una atención más importante al volumen de trabajo sobre la intensidad, conllevará un alejamiento del nivel de forma de los atletas. Cuando se utilizan ejercicios de carácter general, también se aleja el estado de forma deportiva, por lo que hay que realizarlos cuando las competiciones no están próximas. En los períodos en donde la intensidad es superior al volumen (entrenamientos más cortos y más exigentes), existe un incremento o estabilización de la forma. En aquellas fases de construcción o reconstrucción de la forma deportiva, el volumen debe prevalecer sobre la intensidad, utilizando ejercicios más generales. Durante los períodos de mantenimiento de la forma, la intensidad sobrepasa al volumen y los ejercicios deben ser específicos. Durante el deterioro de la forma deportiva, los atletas podrán descansar algunos días y realizar descansos "activos" mediante la realización de ejercicios de carácter general o prácticas de otros deportes. En cualquier caso, para los niños de menos de 14 años la periodización deportiva anual no es necesaria (Grosser y cols., 1989). Ellos se ponen rápidamente en forma. Posteriormente, el desarrollo del rendimiento es preciso efectuarlo de acuerdo con esta periodicidad de índole biológica, es decir, cada ciclo anual presenta unas estructuras específicas de cargas y contenidos del entrenamiento, el cuál está condicionado por el calendario de competiciones.

Realización del entrenamiento y competición

Asegurar un entrenamiento saludable

Tal y como se indicó en la introducción, se deben establecer las pautas necesarias para que el entrenamiento deportivo con jóvenes sea saludable. Una programación inadecuada del entrenamiento deportivo con jóvenes puede derivar en situaciones de riesgo para su salud. Existen gran cantidad de estudios que así lo confirman. Según las investigaciones más recientes, la mitad de las lesiones que afectan a deportistas infantiles son causadas por sobrecargas inadecuadas, es decir, por un exceso de entrenamiento. En torno a esta cuestión, se considera que el grado de presión ambiental ejercida sobre el niño es excesivo. La explicación parece centrarse en la utilización de cargas fuertes, tanto a nivel de volumen como de intensidad. El respetar los momentos de inicio, desarrollo, intensificación de las cargas, según el estadío evolutivo del joven deportista será determinante para evitar problemas de sobrecargas. La tabla 7 de Tschiene (1985) es aclaratoria sobre la cuestión También es preciso adecuar la naturaleza de las cargas considerando los factores limitantes y el riesgo de lesión que puede conllevar (tabla 8).

Tabla 6. Fases de formación y preparación deportiva; (tomada de Tschiene, 1.985)

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 3

Tabla 7. Grado de utilidad de diferentes tipos de entrenamientos para jóvenes, según los factores fisiológicos, morfológicos y riesgo de lesiones (De Keul, 1982, en Navarro, 2005)

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Pero también existe un riesgo por sobrecarga, es decir por acciones repetidas continuamente. Considerando la fragilidad articular, ligamentosa y ósea de los niños estas lesiones son más problemáticas en ellos que en poblaciones adultas por el efecto que pueden tener sobre el crecimiento óseo. Los riesgos pueden aumentar durante las fases de máximo crecimiento. Por ello, los entrenadores de estos deportistas deben analizar la evolución de las curvas de crecimiento y vigilar de forma especial a aquellos atletas que estén experimentando un incremento muy pronunciado en su estatura, ya que en estas etapas los riesgos aumentan. En general, las chicas experimentan su máximo crecimiento a los 12 años y los chicos a los 14 años. Las zonas más vulnerables en las poblaciones juveniles son rodilla, codo y tobillo, y en ellas se producen microtraumas con facilidad. En algunos deportes de moda, como el snowboard, se provocan 3 lesiones por cada 100 practicantes, las más relevantes en los tobillos, muñecas y hombros. Por ello se aconseja que se adopten una serie de medidas previas, aparte de disponer del adecuado equipo, como un acondicionamiento cardiovascular, muscular, articular… Tampoco se puede olvidar los calentamientos inadecuados y ejecuciones incorrectas, como causas de lesiones importantes. También el grado distinto de maduración entre niños o jóvenes puede contribuir a aumentar el riesgo de lesiones, por ejemplo cuando hay importantes diferencias de estatura y peso entre niños de la misma edad y participan juntos en deportes de contacto. Por ello, a medida que van desarrollándose y haciéndose más fuertes, el riesgo de lesiones también se incrementa, por su mayor nivel de fuerza muscular. Existe coincidencia en reconocer que el estado de agotamiento deportivo resulta de de una compleja interacción de factores medioambientales, en los que se incluye un stress crónico prolongado, y los propios rasgos del joven practicante. No debe tampoco olvidarse la excesiva presión que algunos padres y entrenadores ejercen sobre los jóvenes, llegando a crear una ansiedad por el triunfo a cualquier precio. Sería preciso que los entrenadores de jóvenes deportistas, a través de la aportación de la psicología deportiva, tuvieran la capacidad de identificar el perfil de los practicantes excesivamente estresados. Estos jóvenes, suelen responder a un alto grado de ansiedad competitiva; tienen una baja autoestima y unas expectativas de registros personales bajos; se divierten poco con el deporte y tienen pocas satisfacciones, preocupándose bastante del fracaso y del juicio de los adultos (Gould, 2006).

Respetar las fases sensibles del organismo

Gran cantidad de profesionales vinculados al mundo infantil coinciden en afirmar que el desarrollo del niño no es un proceso que se rija por una progresión matemática, sino que es heterocrono, es decir no todos los sistemas y las capacidades funcionales se desarrollan al mismo tiempo y a la misma velocidad. Cada capacidad tiene una "fase crítica o sensible" durante la cual el entrenamiento se vuelve sumamente eficaz. "Son etapas relativamente cortas del período evolutivo en las que se pueden entrenar sólo algunas cualidades" (Grosser et. al. 1.989). La totalidad de estas fases sensibles se localiza temporalmente entre la niñez y la adolescencia, etapas básicas en la formación deportiva.Gran cantidad de profesionales vinculados al mundo infantil coinciden en afirmar que el desarrollo del niño no es un proceso que se rija por una progresión matemática, sino que es heterocrono, es decir no todos los sistemas y las capacidades funcionales se desarrollan al mismo tiempo y a la misma velocidad. Cada capacidad tiene una "fase crítica o sensible" durante la cual el entrenamiento se vuelve sumamente eficaz. "Son etapas relativamente cortas del período evolutivo en las que se pueden entrenar sólo algunas cualidades" (Grosser et. al. 1.989). La totalidad de estas fases sensibles se localiza temporalmente entre la niñez y la adolescencia, etapas básicas en la formación deportiva.

Tabla 8: Edades correspondientes a las categorías atléticas oficiales en España, hasta la júnior, y su equivalencia estimada al curso académico y grado evolutivo de maduración.

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Reforzando el anterior argumento, es preciso considerar que si se descuida el entrenamiento y el estímulo adecuado de una cualidad en su fase sensible traerá como consecuencia un déficit en el desarrollo potencial de esa capacidad en particular y de todas las prestaciones motrices en general. Un entrenamiento posterior nunca podrá alcanzar los mismos resultados. Además, el desarrollo de las distintas capacidades está interrelacionado de modo que la mejora de una cualidad favorece o limita el desarrollo de las otras. Por ejemplo la mejora de las capacidades coordinativas es requisito necesario para el desarrollo de la fuerza (Nadori, 1.987). Difícilmente si se ignora la existencia de las fases sensibles para el desarrollo de las diferentes capacidades funcionales se podrá alcanzar altos niveles en las disciplinas que las requieran. Tanto el desarrollo tanto de las capacidades coordinativas, como de los factores de ejecución o capacidades condicionales deberá respetar las fases sensibles. El objetivo general del entrenamiento debe adaptarse a los objetivos específicos de cada una de las etapas del desarrollo del niño, desde los presupuestos iniciales en donde el entrenamiento es inexistente, hasta la época de culminación de todo el proceso donde sólo un entrenamiento especializado conseguirá el máximo rendimiento. La entrenabilidad representa la influencia relativamente marcada mediante estímulos exteriores ejercida sobre las capacidades motrices básicas y su rendimiento en relación al sistema cardiovascular, la respiración y el metabolismo de los músculos estimulados, igual que sobre componentes psicofísicos. (Erwin Hahn, 1.988). Por dicho motivo, teniendo en cuenta que el nivel de entrenabilidad de las cualidades físicas esta condicionado, en primer lugar, por el estado de madurez de las funciones físicas implicadas en cada caso, se suscribe que el entrenamiento de jóvenes no debe ser un entrenamiento de resultados. Los niños no son adultos en miniatura. Sus organismos se encuentran sometidos de forma dinámica a una serie de transformaciones anatómicas, fisiológicas y psicológicas que lo hacen vulnerable a ciertos tipos o formas de entrenamientos de atletas adultos. Por consiguiente es preciso adaptar el trabajo con los niños a sus propias características evolutivas. En la siguiente tabla se ofrece un ejemplo de cargas, según edades.

Tabla 9. Distribución de cargas de condición física, según las fases sensibles y estado evolutivo supuesto de los/as niños/as pertenecientes a las categorías oficiales atléticas vigentes en España. (* Iniciación: 1-2 sesiones/semana; ** Desarrollo: 2-3 sesiones/semana; *** Entrenamiento habitual: 3-4 sesiones/semana. (Isidoro Hornillos, 2005).

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Estas posibilidades orgánico-funcionales del niño son lo que justifica que una parte muy significativa de los contenidos que integran las actividades docentes (Educación Física) o las emanadas del deporte escolar o federativas (prácticas deportivas regladas) se encuentren protagonizadas por una mayor atención hacia la esfera coordinativa, antes del comienzo de la pubertad.

Adaptar las cargas al grado de maduración biológica

Los programas de entrenamiento desarrollados en cada una de estas etapas deben asociarse y diseñarse según el grado de maduración de cada individuo y no a su edad exclusivamente cronológica, ya que puede haber diferencias significativas entre niños de la misma edad aparente. En este sentido, son frecuentes los casos de jóvenes adelantados en su nivel de maduración biológica que muestran en sus inicios rendimientos deportivos espectaculares. Sin embargo existen muchos más ejemplos que demuestran que los niños de maduración tardía obtienen los mejores resultados en el futuro. Por consiguiente, es necesario no dejarse deslumbrar por este aparente talento en las previsiones y expectativas de rendimiento futuro. Sobre esta cuestión hay investigaciones que demuestran que los jóvenes de maduración tardía tienden a lograr una altura ligeramente mayor y llegan a ser más fuertes que los más adelantados, cuando llegan a la edad adulta (Carmichael, 1990). Al abordar cada fase hay que considerar que no siempre la edad cronológica tiene una exacta correlación con su maduración biológica. Existen individuos que maduran más rápido que otros. Puede haber diferencias de tres años o más. Ello es de particular importancia en el período puberal, es decir, en el período de la maduración sexual (12-15 años), el cual se caracteriza por una profunda reestructuración en la actividad de las glándulas de secreción interna, en la regulación neurohumoral de las funciones, por sensibles incrementos de las dimensiones totales del cuerpo (estatura, masa, etc.). A esta edad puede cambiar provisionalmente las correlaciones de los parámetros biodinámicos que determinan la coordinación de los movimientos y decelerarse los ritmos de incremento de la capacidad de trabajo. Por ello en este período el pronóstico suele ser dificultado. Así, a los 11-12 años, los cambios en la capacidad física de trabajo son bastante estables, lo que permite realizar un pronóstico confiable. A los 13-16 años, debido a que los cambios en la capacidad de trabajo son menos estables, el pronóstico resulta menos seguro. (Volkov y Filin, 1.989). En un grupo deportivo podemos encontrarnos niños con escaso desarrollo físico con una edad biológica rezagada de la cronológica en 1-2 años. Contrariamente otros casos de adolescentes con elevado desarrollo físico con una edad biológica que puede aventajar a la "certificada" en 1-2 años. Podemos considerar tres referencias importantes en torno a esta cuestión: 1. Desarrollo antropométrico, es decir, hay que analizar si se han producido estirones o fases aceleradas de crecimiento, tanto en altura como en desarrollo muscular. 2. Desarrollo hormonal. El organismo segrega en unos períodos determinados una serie de hormonas que afectan al crecimiento. La aparición de los caracteres sexuales secundarios como el cambio de voz, el crecimiento del bello en la zona próxima a los genitales, el desarrollo de los pechos y la primera menstruación son indicadores claros de estos hechos. 3. El grado de osificación. La maduración del nivel de desarrollo óseo, mediante radiografías de la muñeca, puede determinar el nivel de crecimiento del niño y pronosticar sus posibilidades. Asimismo, hay que tener en cuenta en la edad cronológica si el joven atleta ha nacido a finales de Diciembre o principios de Enero, ya que "oficialmente" hay un año de diferencia pero, en realidad, pueden ser pocos días o semanas. A veces los responsable técnico del joven podría limitar las posibilidades de los deportistas, bien por un exceso de estimulación al someter al practicante a un trabajo intenso e inapropiado, o bien, por defecto o descuido, al manifestar un desmedido proteccionismo. Por ello es preciso identificar un modelo claro y personalizado de planificación deportiva. Hay también que considerar que el éxito del deporte competitivo no es una consecuencia de lo que se hace en el momento sino también de lo que se haya hecho en el pasado (Counsilman, Counsilman, 1991). En esta línea adquiere una gran importancia el "efecto residual", basado en que una amplia estimulación física y técnica recibida a través del entrenamiento facilita la posibilidad de que pueda mantenerse durante periodos posteriores un cierto grado de rendimiento, a pesar de que haya cesado la estimulación recibida. Algunos efectos residuales se indican en la siguiente tabla:

Tabla 10: Efectos residuales del entrenamiento. Tipos, características y tiempo de desentrenamiento (Issurin, Lustig (2004), adaptado por Navarro (2005).

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En relación al calentamiento con jóvenes se les deberá enseñar un modelo concreto, adaptado a cada una de las tareas a realizar en la sesión, considerando que deberá ser siempre un proceso individual. Cada deportista requiere un proceso muy personal que puede no coincidir con el resto de los atletas. Por dicho motivo, dentro de los objetivos cognitivos del entrenamiento, se debe posibilitar al atleta, en especial en las edades de formación deportiva, la suficiente información para que sepa en cada caso: Cuándo debe comenzar "su" calentamiento Cuál debe ser la rutina de ejercicios que mejor se adapte a sus características. El "ritmo" que debe imponer al calentamiento. Cuándo debe finalizar el mismo. Qué tiempo debe transcurrir desde que lo acaba hasta el comienzo de la competición o entrenamiento. Qué debe de hacer, en caso de que la competición se retrase. Elegir la indumentaria más apropiada para efectuarlo en cada caso. Cómo conservar mejor los efectos si tiene que intervenir en otra competición en un breve espacio de tiempo. Etc.

Control del entrenamiento y competición

Los objetivos básicos del control del entrenamiento son: 1. Registrar todos los datos reales (no siempre coinciden con los previstos) para cuantificar con exactitud las cargas empleadas. 2. Analizar los efectos del entrenamiento a través de una serie de tests. Las competiciones del período de especial (precompetitivo), en realidad, pueden considerarse como tests que contemplan la suma de las capacidades condicionales, coordinativas y tácticas, es decir representa un test complejo. Cuando se pretende realizar un control sobre las cualidades físicas será suficiente con que se repitan cada 4 o 5 semanas. En el caso de la coordinación (técnicas específicas), será preciso que se realicen con una mayor frecuencia, prácticamente cada pocos días. Ello es especialmente importante en el caso de los jóvenes deportistas. En relación a las correcciones que pudieran afectar a la parte técnica, incluidos los ejercicios de preparación condicional, normalmente se basan en las propias observaciones subjetivas del entrenador. A veces se cometen errores al observar secuencias deportivas muy rápidas a pesar de tener una contrastada experiencia. Por consiguiente será preciso recurrir a una tecnología de medición que elimine la parte subjetiva de la observación. El proceso de información que el entrenador debe suministrar a los atletas para corregir las anomalías debe realizarse durante y después de la ejecución. Según Grosser y colab. (1989) este debe ser el proceso: Información sincronizada o inmediata: durante o inmediatamente después de la realización del movimiento. Información rápida: poco después de acabar el ejercicio (después de unos 5 segundos hasta 25-30 segundos), mientras perduren claros rasgos del movimiento en la memoria (información propia). Información tardía: fuera de la presencia, subjetivo-perceptiva del movimiento.

Análisis del proceso y posibles correcciones

El análisis representa una valoración objetiva entre el valor real (rendimiento obtenido) y el previsto al principio de temporada (objetivos iniciales). Esta valoración debe ser:

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