Los equipos deportivos de éxito: del conjunto de personas al grupo efectivo
Autor: David Llopis Goig Psicólogo Deportivo. Director de INFES-Merton (Valencia) Ramón Llopis Goig Profesor de Sociología del Deporte. Universidad de Valencia
El objetivo de este artículo es analizar las fases que conducen a la formación de un equipo deportivo con éxito. Se describen algunas características que definen cada momento y se apuntan orientaciones que pueden ayudar a crecer como grupo.
CONVERTIRSE EN UN EQUIPO CON ÉXITO
En el mundo del deporte, se concede cada vez más importancia al concepto de equipo (Anshel, 2003; Carron y Dennis, 2001; Cox, 2002; Gill, 2002). Si analizamos los equipos deportivos que triunfan, que tienen éxito en los diferentes deportes, observamos que, por encima de las individualidades, está el grupo, el equipo. De los equipos que triunfan se valora fundamentalmente la idea de grupo.
Pero es importante que tengamos en cuenta que un conjunto de personas no forman necesariamente un grupo. Existe un grupo cuando, entre estas personas, existe una interacción. Esa interacción estará influida por muchos factores como los situacionales, personales, de liderazgo o de equipo (Carron y Dennis, 2001). Así, esta interacción podrá beneficiar o perjudicar al rendimiento, dependiendo de cómo sea la relación entre sus componentes.
Para que un grupo de deportistas se convierta en un equipo con éxito es necesario ir superando una serie de etapas o fases en las que la labor del equipo técnico es fundamental. Esta evolución suele seguir una secuencia que se repite en los diferentes equipos deportivos y que ha sido estudiada por diferentes autores (Tuckman, 1965; Cikler, 1967 y Cratty, 1989). A continuación se examinan las características principales de cada fase.
El inicio: los primeros contactos.
Habitualmente, después del final de la temporada y del periodo de descanso, los jugadores se vuelven a reunir para iniciar los entrenamientos de la nueva temporada. Es el momento de conocer a las personas nuevas que se incorporan al grupo, bien porque estaban cedidos a otros clubes, o porque ascienden de las categorías inferiores o por ser nuevos fichajes. También es el momento de echar en falta a jugadores que ya no están por que han sido cedidos, traspasados o que se han retirado y que, de alguna forma, dejan un vacío.

Estos cambios, necesariamente producen una reorganización de las relaciones que ya existían entre ellos. Los jugadores que se han incorporado buscan el apoyo de otros, formando así nuevos vínculos. Las personas que estaban más vinculadas a las que ya no están también necesitan afianzar o consolidar sus relaciones. Es decir, aunque una parte importante del grupo permanezca, los cambios que ha habido producen modificaciones en las relaciones entre todos los miembros del grupo. Cada deportista busca su nueva ubicación y desea conocer cual es su papel en el nuevo grupo.
Esta fase de inicio suele coincidir con las concentraciones de inicio de temporada. En ellas, además de iniciar la preparación física y sentar las bases d-1 acondicionamiento general, es el momento ideal para conocerse en contextos diferentes, establecer las normas de funcionamiento y que cada deportista vaya adquiriendo un papel en el grupo.
En esta fase es importante, que tanto los miembros del equipo técnico, como los jugadores con más peso, se encarguen de facilitar las relaciones positivas entre los compañeros, especialmente entre los nuevos. Es también el momento para establecer las normas de funcionamiento que deben guiar al grupo durante la temporada.
También es el momento en el que a los deportistas les gusta ser reconocidos y sentir que pertenecen al grupo. En este sentido es fundamental la comunicación y la transmisión de mensajes del equipo técnico. Facilitar el apoyo entre los jugadores será otra de las claves importante en esta primera fase, para establecer las bases del futuro éxito.
Aprender de los conflictos
Una segunda fase dentro de la formación del equipo, está caracterizada por las luchas internas, por el control del grupo y el enfrentamiento interpersonal. Son los momentos en las que ya se están afianzando las nuevas relaciones después de la fase inicial y existen tensiones sobre el nuevo estatus de cada uno en el grupo. Todos desean tener un peso en el grupo, mejorando el estatus que tenían la temporada anterior. En algunos casos, cuando se cuestiona el liderazgo de alguien es cuando pueden surgir enfrentamientos verbales y físicos.
Esta fase es las más importantes ya que la resolución de estos conflictos va a permitir el crecimiento del grupo y la formación de un equipo fuerte. Los miembros del equipo técnico deben estar atentos a lo que sucede, deben conocer bien a cada uno de los deportistas y saber qué papel están jugando en esta fase del proceso evolutivo de convertirse en un equipo.
La comunicación entre el entrenador y los deportistas es, si cabe, todavía más importante que nunca en esta fase (Yukelson, 2001).
Los deportistas deben percibir que tienen la oportunidad de expresar lo que piensan y les preocupa con relación al funcionamiento del equipo, los entrenamientos y las competiciones.
Poder expresar sus sentimientos y preocupaciones ayudará a poner a cada uno en su sitio, facilitando el paso a una nueva fase. En el caso contrario, los deportistas utilizarán otras vías para hacer público sus pensamientos generando tensiones entre ellos y el equipo técnico.
Si la conflictividad del grupo es muy elevada y afecta a los resultados suele desencadenar el cese del entrenador como máximo responsable de la gestión del grupo.
Si la conflictividad del grupo es muy elevada y afecta a los resultados suele desencadenar el cese del entrenador como máximo responsable de la gestión del grupo. La llegada de un nuevo entrenador o que el segundo se haga cargo del equipo, va a suponer un cambio en la dinámica del grupo. El grupo de jugadores empieza una nueva fase donde cada uno querrá saber qué papel va a desempeñar.
Es importante que los conflictos no se consideren como obstáculos, sino como situaciones en las que se ponen de manifiesto las habituales diferencias entre las personas. Son oportunidades para, a partir del diálogo, aclarar posturas y objetivos. Establecer objetivos grupales y objetivos individuales relacionales con los grupales ayuda a formar equipos fuertes.
Cuando no es establecen mecanismos para que afloren esas diferencias y puedan ser expresadas adecuadamente, es cuando la conflictividad interna del grupo va en aumento y su rendimiento, tarde o temprano se verá afectado.
La cooperación y la ayuda entre todos
La tercera fase se inicia cuando los deportistas ya han asumido que lo importante no son los objetivos personales de cada uno, sino que logrando los objetivos del grupo se pueden conseguir los personales. El liderazgo del entrenador está claro y nadie lo cuestiona. Los problemas que han ido surgiendo y las medidas tomadas para solucionarlos o corregirlos han sido las adecuadas. Es cuando los jugadores trabajan todos por alcanzar las metas que el entrenador va marcando. Es la fase de la solidaridad, el apoyo mutuo, la cooperación, el bloque por encima de todo.
Esta fase se puede observar cuando, en beneficio del grupo y dejando de lado las individualidades y el lucimiento personal, se cede el protagonismo (el balón) a otro compañero que está mejor colocado para que sea éste el que consiga el gol. Este comportamiento es un síntoma de que el grupo se está convirtiendo en un buen equipo, que lo importante no son las individualidades sino el conjunto.
Esta unión de energías, de fuerzas, es la que va a permitir lograr grandes éxitos y es la base de grandes equipos que han hecho historia. Cada jugador sabe cual es su papel y éste es aceptado.
No existe una lucha interna por alcanzar un estatus. Los jugadores están centrados en alcanzar sus metas. Se está construyendo un buen clima deportivo.
La eficacia
Cuando las fases anteriores están resueltas, entramos en el momento de la eficacia. Existe ya una estabilidad en cuanto a las relaciones interpersonales y los papeles de cada uno están bien definidos y aceptados. Predomina la ayuda mutua para alcanzar el éxito. Todos se sienten partícipes de los resultados y todos desean que, por encima de todo, el equipo triunfe.
El entrenador ha jugado un papel muy importante en todas las fases anteriores. Ha dado información grupal e individualmente para que todos se sientan incluidos en el proyecto deportivo. Que todos sepan anteponer sus intereses personales a los del equipo.
El entrenador ha logrado el gran objetivo que la mayoría intentan alcanzar: que el equipo deportivo sea superior a la suma de los jugadores. Llegar a esta fase es difícil. Permanecer en ella es más difícil todavía. Algunos equipos la alcanzan, pero alguna situación conflictiva mal resuelta desestabiliza al equipo, volviendo a fases anteriores. En esa situación es fundamental mantener la calma y volver al trabajo que nos llevo a la eficacia.
CUANDO LAS COSAS NO VAN BIEN
Sin embargo, no todos los grupos de deportistas llegan a la última fase. Muchos se quedan parados en el segundo estadio o alguna vez alcanzan en tercero pero no llegan a consolidar la resolución de los conflictos.
Hay que tener presente que son muchos los problemas por los que puede pasar un equipo deportivo. Baja motivación, dependencia exagerada del líder, excesiva dominancia de un jugador frente a otros, fragmentación, pandillas, presión de los espectadores o directivas con ansias de triunfos.
El entrenador es la pieza clave como líder del grupo. Debe conocer en cada momento cual es el clima que se respira entre sus jugadores y establecer mecanismos que fomenten la cohesión y la superación de los conflictos. Como afirma Anshel (2003) el entrenador es una persona que en ciertos momentos se debe convertir en seguidor, sin tener la necesidad de demostrar su liderazgo y dejando éste a otros, otras veces será el profesor, ejerciendo un papel importante de educador, un modelos, un "psicólogo o asesor o un padre sustituto. Como afirma Cox una buena comunicación debe estar presente tanto antes como durante y después de la competición (Cox, 2002).

Bibliografía
Anshel, M. H. (2003). Sport Psychology: from theory to practice, San Francisco: Benjamin Cummings.
Carron, A. V. y Dennis, P. W. (2001). "The sport team as an effective group", en J. M. Williams (ed.), Applied sport psychology: personal growth to peak performance, Mountain View, CA: Mayfield.
Cox, R. H. (2002). Sport Psychology: concepts and applications, Boston: McGraw-Hill.
Gill, D. L. (2002). "Gender and sport behaviour", en T. Horn (ed.), Advance in Sport psychology, Champaign, Ill.: Human Kinetics.
Yukelson, D. P. (2001)."Communicating effectively", en J. M. Williams (ed.), Applied sport psychology: personal growth to peak performance, Mountain View, CA: Mayfield.
Cikler, J. (1967). The rise, the development, and the extinction of a soccer team of boys. Int. Rev. of Sport Psychology, 1, pp. 3346.
Tuckman, B. (1965). Developmental sequence in smoll groups. Psychological Bulletin, 63, pp. 384-399.
Cratty, B.J. (1989). Psychology in Contemporary Sports. Nueva Jersey: Prentice Hall.









