El efecto Ringelmann en el fútbol profesional: ¿Puede ser superior un equipo con un futbolista menos?
Autor: David Llopis Goig Psicólogo Deportivo. Director de INFES-Merton (Valencia) Ramón Llopis Goig Profesor de Sociología del Deporte. Universidad de Valencia
El objetivo de este artículo es presentar algunas investigaciones clásicas que nos permiten entender por que en algunas ocasiones el rendimiento de un grupo es inferior al esperado.
Una realidad
En el reciente encuentro de ida de los cuartos de final de la Copa del Rey entre el Deportivo de la Coruña y el Valencia C. F., el colegiado Iturralde González expulsó con tarjeta roja directa al jugador del Deportivo Aldo Duscher en el minuto 37 de la primera parte. Pese a jugar el resto del encuentro con un jugador menos, el Deportivo pudo hacerse finalmente con el triunfo. El hecho resultó sorprendente, por cuanto el Valencia se encontraba en un buen momento de forma, tras varias jornadas sin conocer la derrota. La pregunta surgió de inmediato ¿es posible que un equipo con un jugador menos supere a otro que se encuentra en un buen momento?
Efectivamente, en numerosas ocasiones sucede que equipos de fútbol que se quedan con diez jugadores son capaces de ganar partidos e incluso remontarlos frente a rivales de igual o superior nivel. Un conocido entrenador acuñó la frase de que era más fácil jugar con diez que con once. Y esta frase se suele repetir cada vez que se produce esta situación. ¿Qué explicación se le puede dar a este fenómeno tan sorprendente? ¿Realmente, se juega mejor con diez o existen otras explicaciones que demuestren que diez jugadores de fútbol pueden superar a once de igual o superior nivel? ¿Puede darse alguna explicación psicosocial a este tipo de hechos?
Un poco de historia
Cualquier investigación suele iniciarse a partir de la observación de algún fenómeno que nos llama la atención y para el que no encontramos una respuesta. A partir de ese momento es cuando empezamos a formularnos preguntas, a informarnos y documentarnos, a conocer qué respuestas han dado los científicos que han estudiado ese fenómeno o a preguntar a expertos en la materia. En algunos casos, después de realizar estos pasos se realiza el diseño de una investigación que ayude a explicar la situación observada.

Esto es lo que le sucedió hace ya más de un siglo a un ingeniero francés llamado Ringelmann. Éste observó a diferentes individuos participando en el tradicional juego consistente en que dos grupos de personas tiran cado uno de los extremos de una cuerda (González, 1997). Gana el grupo que más fuerza hace y logra arrastrar al otro hasta hacerlo traspasar una línea marcada previamente en el suelo a la misma distancia de cada uno de los dos grupos.
Ringelmann observó cómo grupos de dos, tres y hasta ocho personas tiraban de los extremos de la cuerda. El francés se dio cuenta de que la fuerza de estos grupos no era la que se esperaba de ellos. Se suponía que la fuerza del grupo debía ser la suma de las fuerzas de los diferentes miembros que formaban el grupo. Sin embargo, esto no sucedía así. Esto despertó su curiosidad científica y se dispuso a investigar y a realizar diversos experimentos que diesen respuesta a este fenómeno.
En 1913 publicó un trabajo en el que exponía cómo disminuía la actuación de cada uno de los individuos de un grupo a medida que aumentaba el número de miembros de ese grupo (Ringelmann, 1913). Informó de que la fuerza media individual ejercida por miembros de grupos de dos personas era del 93 por ciento de la fuerza media individual. Este porcentaje disminuía al 85 por ciento en grupos de tres personas. Cuando el grupo estaba formado por ochos individuos el porcentaje disminuía hasta el 49 por ciento.
El estudio de Ringelmann no tuvo excesiva repercusión hasta que en los años 70 fue retomado y puesto de actualidad. Desde entonces, la disminución de la actuación media individual en función del incremento del tamaño del grupo se conoce como efecto Ringelmann y paso a convertirse en una cita obligada en los diferentes estudios relacionados con el comportamiento de los grupos. Y esto es básicamente lo que le sucede a un equipo cuando once jugadores no son superiores a diez. Ringelman atribuía la disminución en el rendimiento a problemas principalmente de coordinación y de perdida de motivación. Sin embargo, la explicación a porque sucede esto llegaría más tarde.
Explicación del efecto Ringelmann
Posteriormente, Ingham, Levinger, Graves y Peckman (1974) publicaron un estudio que tenía como objetivo principal la verificación de este fenómeno. Confirmaron la disminución en el rendimiento individual aunque éste no era tan progresivo como el obtenido por Ringelmann. Quedaba así confirmado nuevamente el desde entonces denominado efecto Ringelmann.
Estos autores intentaron averiguar cuáles eran las causas de esta disminución en el rendimiento. Siguieron los trabajos de Ringelmann. Éste había explicado sus resultados a partir de problemas de coordinación y pérdidas de motivación de los miembros del grupo, dando mayor importancia a la coordinación. Sin embargo Ingham y sus colaboradores, tres realizar varias investigaciones, concluyeron que en la explicación de la disminución del rendimiento adquiría más importancia la pérdida de motivación.
Latané, Williams y Harkins (1979), además de confirmar el efecto Ringelmann, también encontraron la falta de motivación como el factor más decisivo en las actuaciones individuales dentro de un grupo. Esta falta de motivación la denominaron "pereza social". Según estos autores, esta desgana o pereza se debía a que los individuos percibían que los esfuerzos individuales se perdían dentro de los esfuerzos del grupo. Esta situación se presenta en muchos equipos de fútbol que no logran ser equipos eficaces (Llopis y Llopis, 2005). Son equipos que, como dicen los propios entrenadores, no tienen la actitud adecuada. No defienden o no luchan suficientemente por el balón. Esperan que otros hagan ese trabajo. Llegado a este punto debemos plantearnos que es lo que provoca esta situación, por que se produce esta falta de interés o pereza social. Veamos algunas respuestas.
Causas de la "pereza social" o falta de interés
Una reciente publicación recoge algunas de las explicaciones a este fenómeno (Canto, 2005). Ahí se sintetizan conclusiones de trabajos realizados por el profesor de psicología Albert V. Carron. En general, puede decirse que el efecto Ringelmann podría explicarse desde cuatro hipótesis.
La primera sería la hipótesis del "lucimiento personal". Desde esta perspectiva, lo que se asume es que los individuos están más motivados cuando realizan un trabajo duro sí éste tiene consecuencias en sus resultados individuales. Por tanto, se reservan para estos momentos de lucimiento personal su máximo nivel de implicación y contribuye lo justo al equipo.
La segunda hipótesis es la de la "disolución de la responsabilidad". Los miembros de un equipo minimizan sus esfuerzos ya que su responsabilidad dentro del rendimiento del grupo queda difuminada.
La tercera hipótesis hace alusión al surgimiento de la "sensación de ser prescindible". Los individuos comienzan a pensar que no son imprescindibles y disminuyen sus esfuerzos.
La cuarta hipótesis es la "falta de compañerismo". Esta explicación atribuye la disminución del rendimiento al hecho de que, en muchos casos, los individuos disminuyen su implicación al considerar que otro puede aprovecharse de su trabajo.
En definitiva, podemos afirmar que el problema se origina cuando los miembros de un grupo no perciben que sus contribuciones son apreciadas y cuándo piensan que no son importantes para el resultado final. Por ello, en investigaciones realizadas por el grupo de Williams (Williams, Harkins y Latané, 1981) llegaron a la conclusión de que esta falta de interés o "pereza social" podía ser combatida si las personas sabían que estaban siendo evaluados individualmente. Debían saber que, además del rendimiento del grupo era importante el rendimiento individual de cada uno de ellos, y que éste se estaba evaluando.
Algunas claves para combatir la "pereza social"
Ante esta situación es importante establecer mecanismos que nos permitan disminuir el impacto del efecto Ringelmann y, además, diseñar estrategias para hacer que el grupo sea cada vez más eficaz. En otro lugar ya expusimos cómo un grupo deportivo se puede llegar a convertir en un equipo eficaz (Llopis y Llopis, 2005). A continuación, exponemos algunas ideas que pueden ayudar a aumentar la implicación de los diferentes deportistas en un equipo deportivo a partir de las propias investigaciones de los autores en cohesión de grupos deportivos (Llopis y Llopis, 1999 y 2006) y de las aportaciones de otros autores (Viadé; 2003; Weinberg y Gould, 1996).
En primer lugar, es importante que cada deportista conozca con claridad cual es su papel en el equipo y que se espera de él, tanto en los entrenamientos como en las competiciones. Además es fundamental reconocer y reforzar públicamente la importancia de cada una de las funciones y tareas para el logro de objetivos comunes ya que muchos deportistas no son del todo conscientes de la importancia de su propia contribución al grupo. En tercer lugar, es conveniente establecer, tanto en los entrenamientos como en las competiciones, mecanismos que nos permitan recoger información de diferentes variables, especialmente las que tienen que ver con el esfuerzo personal. De esta forma, el deportista sabe que se le está evaluando de forma individual y no únicamente cómo grupo. Las grabaciones y los modernos registros de observación nos ayudan a lograrlo. Una cuarta recomendación consistiría en que la mencionada información no debe servir únicamente como mecanismo de control sino también para que el deportista disponga de una información que le incentive a implicarse más con el objetivo de mejorarla. En quinto lugar, deben establecerse objetivos de tarea individuales, como cantidad de balones robados, ocasiones de gol creadas, faltas correctamente lanzadas o desmarques adecuados.
Otra consideración relevante es que los jugadores conozcan este fenómeno y que analicen cuando les sucede. Las más habituales son ante un rival inferior, en determinados momentos de un partido (minutos finales), cuando se cree que el partido ya está ganando o cuando uno piensa que es titular indiscutible. En séptimo lugar, merece destacarse la idea de que el entrenador hable individualmente con cada jugador sobre este tema para intentar conocer los motivos por los cuales el deportista no está esforzándose al máximo. Por último, es conveniente trabajar en los entrenamientos por parejas o grupos muy reducidos para que el peso individual sea más importante en el resultado del grupo.
Estos son algunos consejos que pueden ser útiles para mejorar la implicación de los diferentes miembros de un equipo deportivo. Para adaptar acertadamente estas medidas a un grupo concreto es fundamental realizar una evaluación de la dinámica grupal, entre otras variables. En definitiva, un grupo de excelentes deportistas no forma necesariamente un equipo de alto rendimiento deportivo.
Referencias bibliográficas
Williams, K., Harkins, S. y Latané, B., (1981). Identifiability and social loafing: Two cheering experiments. En Journal of Applied Psychology, 45, págs. 435-440.
Latané, B., Williams, K. D. y Harkins S. G. (1979). Many hands make light the work. The causes and consequences of social loafing. En Journal of Personality and Social Psychology, 37, págs. 823-832.
Ingham, A. G., Levinger, G., Graves, J. y Peckman, V. (1974). The Ringelmann effect: Studies of group size and group performance. Journal of Experimental Social Psychology, 10 págs. 371-384.
González, J. L. (1997). Psicología del Deporte. Madrid: Editorial Biblioteca Nueva.
Ringelmann, M. (1913). Recherches sur les moteurs animés: Travail de l'homme (Research on animate sources of power: The work of man), Anales de l'Institut Nationales Agronomique, 1913b, 2e série, tome XII, págs. 1-40.
Llopis, D. y Llopis, R. (2005) "Los equipos deportivos de éxito. Del conjunto de personas al grupo efectivo". Alto Rendimiento, Vol 2 n° 28.
Llopis, D. y Llopis, R. (1999) "La cohesión en un equipo deportivo" en Psicología de la Actividad física y del deporte. Murcia. 1999. Sociedad Murciana de Psicología de la Actividad Física y del Deporte.
Llopis, D. y Llopis, R. (2006). "La cohesión social en un equipo de fútbol". Inédito.
Viadé, A. (2003). Psicología del rendimiento deportivo. Editorial UOC: Barcelona.
Canto, J. (2005). La cohesión en los grupos deportivos. En Antonio Hernández, Psicología del Deporte: Fundamentos (Vol 1), Editorial Wanceulen. Sevilla.









